lunes, 23 de febrero de 2009

bye... de los cerres vol. 2

En diciembre del año pasado le escribí un post a mi hermana, en “de lo cierres” (http://rollosdesushi.blogspot.com/2007/12/de-los-cierres.html) hablaba de la dificultad de terminar historias, del dolor que cabe en la palabra “adiós” y de la pena infinita que implica un “ya basta”, por muy necesario que este sea. A pesar de que la intuición y las pistas de mi propia historia me permitieron generar en ese momento, un post muy decente, ahora, cuando lo releo me dan ganas de reír, me dan ganas de llorar. En ese momento pensaba que el núcleo del dolor estaba en el matiz de la despedida o como lo dije en ese momento “los finales que no hacen justicia a las historias que cierran”, pero no iba por allí… un adiós mediocre es sumamente doloroso, pero esto no implica que un adiós prácticamente perfecto lo sea menos. El mal sabor de boca, ése “gusto a lagrimas y a rencor” del que escribía tan confiadamente hace meses no es opcional, no se remedia con despedidas suaves, bien platicadas, ni con adioses dichos a tiempo. Terminar, como sea, es terrible, terminar cuando se ama o se ha amado es aterrorizante y la perdida duele con o sin abrazos de despedida… porque cuando los cuerpos se separan y la distancia se cuela en donde hubo alguien más, el silencio es completo y se puede escuchar invariablemente como se parte el corazón.


Bicho,
el accidente se repite, como hace poco más de un año… le estas llorando a la misma herida, ahora más profunda que antes, menos fácil, infinitamente más importante… no tengo mucho que decir... pero Buba siempre ayuda y aunque cuando te estas ahogando no puedas verlo, te esperan cosas muy chingonas bajo el mar.

martes, 17 de febrero de 2009

Deseos culposos



Tengo un conflicto… un conflicto profundo y desgarrador. Hoy buscando gadgets para escribir la nota de tecnología de una de las revistas en las que trabajo me encontré con esto… el Kindle 2 (la versión 1 no fue tan masivamente promocionada, tan ávidamente esperada, ni tan efusivamente recibida). Para las personas que consideran al libro como una extensión de su brazo y a sus páginas una superficie para posar la vista en cada momento libre, la llegada del Kindle es un hecho sólo comparable a la inversión del teléfono o el Internet. Me queda claro que este es un avance tecnológico que me facilitará la vida, que reducirá los pagos de sobrepeso de mis maletas cuando viajo, que me permitirá leer 3 o 4 libros al mismo tiempo sin extraviarlos constantemente, que evitará que se me pierdan las páginas, que se me atrofie la vista y que básicamente me hará tan terriblemente dependiente que no podré dormir jamás sin el Kindle firmemente apretado entre mis manos. Ahora bien, se me salen las lagrimas al pensar en todo lo que voy a perder con la adquisición de este ipod literario… adiós a las esquinas dobladas, a las paginas manchadas de café, al olor a libro nuevo, al olor a libro viejo, a las marcas de lectores anteriores, a las ediciones limitadas, a los dedos cambiando hojas, a las montañas de libros pendientes en casa de mi mamá, a las notas al margen, a mis estantes vencidos por el peso, a las horas malgastadas en librerías y a los marca páginas de papel de baño, de tickets de cafeterías, de notitas de amor. Hay tanta perdida en el progreso… Me cuesta creer que en algunos años se recordaran los tiempos del libro impreso con la misma nostalgia con la que hoy pensamos en una carta escrita a mano o un cassette grabado para el más adolescente amor. Pero, a pesar de mis tendencias melancólicas y cuasi-románticas soy hija del siglo XX, del consumismo, del poder adquisitivo clasemediero y de la gratificación inmediata… quiero un Kindle 2 y lo quiero ya.

NOTA: para los consumistas resigandos como yo, el apartillo sale a la venta el 24 de Febrero y por $359 dólares se puede pre-ordenar en Amazon.

domingo, 1 de febrero de 2009

Anónimos


Hay amores que nacen con nombre, como hijos primogénitos, son bautizados casi al momento de concebirse. Por naturaleza buscamos una manera de decirle a la perspectiva de un sentimiento y esto si bien es práctico, es también en el mejor de las casos limitante. El problema de los nombres es que si no se tiene cuidado en menos de lo que tardamos en deletrearlos, se vuelven etiquetas… amor imposible, amor eterno, amor platónico, amor de amigos, amor infinito, amor “del bueno”, amor desperdiciado, amor correspondido, amor… a fin de cuentas es amor. Ponerle nombre al amor es inútil, el amor nos cambia y luego cambia él, volviendo nuestra tan cuidadosamente diseñada denominación completamente obsoleta. Después nos encontramos sintiendo algo distinto y el potencial de la emoción se frena, atrapado en las letras del nombre que le pusimos. Los matices del amor son más sabios que las palabras más meticulosamente elegidas, cuando soltamos los términos nos permitimos por fin ver hasta donde se puede llevar el amor… y con suerte, hasta donde nos puede llevar él a nosotros.