domingo, 27 de abril de 2008

Ato


Hoy fue un día malo… me desperté como a las 9am… desde el segundo en el que abrí los ojos supe que algo no estaba bien. Me pare como slinky de la cama y empecé a recorrer el departamento buscando a mi gordo gato… no estaba en ningún lado. Corrimos, gritamos, hicimos carteles, sacudimos su bote de comida, dimos descripciones detalladas, ofrecimos recompensas… llore… muchas veces… a las 6 de la tarde “Ato” no había aparecido. Después de mojarnos bajo la lluvia y el granizo que oportunamente baño hoy a Cholula, mi amorcin y yo decidimos darnos un baño, después nos acostamos a descansar unos minutos. Como en mi la pasividad y la angustia no combinan, aguante exactamente 3 minutos de descanso antes de levantarme y abrir la ventana de mi cuarto para gritar (como lo había hecho cientos de veces hoy) “ATOOOO”… no se que me hizo llamarlo otra vez en ese momento ya que la verdad no esperaba lo que pasaría a continuación… con el sonido de mi voz apareció en la barda de los vecinos una cabecita peluda con unos enormes ojos verdes que me miraban con expresión de sorpresa. Tuve que llamar (gritarle) a mi amorcin para que viniera a confirmar lo que veía (yo no traía lentes y con ganas y un poco de desesperación el cerebro es muy poderoso). Tome los gritos de felicidad de mi amorcin como una señal de que podía permitirme toda la emoción que aguante esos segundos, le avise (grite claro está) a mi hermana y salimos corriendo a tocar como maniáticas a la casa de los vecinos. Después pasamos una media hora tratando de bajar al simpático gatito de la barda en la que estaba atrapado entre unas tupidas enredaderas y la cerca electrificada de mi casa. Para seguir con la tendencia del cliché (ver post anterior) llamamos a los bomberos, pero antes de que pudieran llegar, mi amorcin en un acto heroico se paro en lo alto de una escalera inestable, estiro su largo cuerpo y consiguió atrapar a Ato que por fin llego a mis brazos empapado, con cara de terror y con las uñas salidas y listas para clavarse en mis brazos. El día terminó con una visita al veterinario más extraño y tétrico jamás conocido (como la versión vet del psicoanalista de “Running with scissors”… si no la han visto véanla YA!). Mientras escribo el gordo pasea placidamente por la casa y echa siestas esporádicas mostrando su grande y suave barriga… en fin hace exactamente lo que tiene que hacer… y yo respiro profundo por primera vez desde que abrí los ojos en la mañana.

PS. Si el de la foto es ATO, así me espera mientras me baño...